domingo, 29 de julio de 2012

La posibilidad de no perder nada.


La mayoría de la gente jamás lo entenderá:
ver una final, cualquier final,
no importa de qué ni de quién contra quién,
alivia el espíritu. Los días
en que no podés dormir pensás:
“si mañana se jugara una final,
el sueño vendría bailando en el presagio
del esfuerzo de los adversarios”.
Reglas claras, decisiones sabias
o erróneas, pero tomadas por otros,
y sobre todo esa diáfana
diferencia entre ganar y perder.
Ojalá mañana hubiera una final.

Clásicas de primavera, etapas reina
del tour, mundiales de atletismo, europeos
de natación, seis naciones,
playoffs, libertadores, un torneo
de selecciones juveniles de algo
pesado que se defina en pocos minutos
para que puedas sublimar
los largos procesos decisivos personales.
Es como si el aire que ahora falta en tu pecho
pasara a agitar el de otros.

La mayoría de la gente jamás lo entenderá:
la agonía por un momento sale de tu cabeza
para entrar en cuerpos mejor preparados
y más expeditivos. Los juegos olímpicos,
sin embargo, exageran, son
demasiadas finales por día.
Es como si alguien te obligara
a tomar todas las decisiones importantes de tu vida
(estudios, trabajo, casamiento, hijos)
en los primeros dos o tres años.
Deberíamos poner un freno a esta locura
y prolongarla un poco más. Pero qué bien
se duerme durante esos quince días,
parece que existiera
la posibilidad de ganarlo todo.

domingo, 22 de julio de 2012

Sobre el calvario, o más bien el vía crucis.

El otro día, volviendo a Barcelona con el Club Ciclista Gràcia, después de una salida con bastante desnivel, al subir Vallvidriera por Las Planes (una subida muy tendida y de pocos kilómetros), un chico que venía adelante mío se quedó un poco así que lo pasé para conectar con la rueda del que venía adelante. Pensé que seguiría mi rueda, pero al llegar al final de la asensión, los que iban llegando después nos contaron que lo  habían visto clavado, apenas moviendo los pedales, agotado. Pasaron diez minutos, empezó a llover, el chico no llegaba y yo me acordé de un pasaje de la novela "El Alpe d'Huez" de Javier García Sánchez, que reproduzco a continuación. Porque siempre me ha impresionado mucho, porque lo he vivido, ese golpe inesperado que te da tu propio cuerpo dejándote fuera de combate, ese momento fatal en el que aparece fatalmente "el tío del mazo", como dice Perico Delgado.

"Quienes aparentaban ser inmunes al esfuerzo y al desastre interior que aboca al desfallecimiento, aun leve y temporal, incluso a ellos, los superdotados, les llegó su momento crítico. Todos lo atravesaron... Quizá es eso lo que hace grande y distinto el ciclismo: la conciencia de que en el momento más impensado, con mucha más espectacularidad que en cualquier otro deporte, y con millones de ojos contemplando, los mejores pueden caer en picado y ser carne de derrota, vivas muestras del fracaso...

Ese día, olvidando momentáneamente que eran semidioses, volvieron a ser hombres, y por lo tanto doblemente grandes. Gaul tuvo sus desfallecimientos más sonados en el Polissal y en el Montsalvy, así como en aquella segunda subida al Bondone en la que perdio un Giro. Kubler en el Izoard y en el Ventoux. Bobet en el Iseran y el Galibier, cumbres en las que en otras temporadas ejerciera de dueño y señor. Poulidor se hundió sobre todo en el Ballon  d'Alsace, en el Mont Revard y en el Puy de Dôme. Gimondi en el Ventoux y en el Pla d'Adet. Aimar en el Aubisque. Anquetil, también en el Aubisque, en el Col de Porte, en el Gavia italiano, donde la gente incluso llegó a empujarle en un intento de ayudarle, apiadada por su calvario, y en el Envalira, aunque poco después en medio de la niebla realizó uno de los descensos más suicidas que se recuerdan, bajada aquella que hizo comentar a un gregario, Rostolland, al finalizar la etapa: "Desapareció delante de mí en la biebla, y entonces me dije que era la última vez que le veía con vida." Thévenet y Fignon en el corto pero traidor Col de Marie Blanque. Fuente en el Col de Mente y sobre todo en el agobiante Hochtor-Pass. Porque la historia del ciclismo es también la historia de un largo, sórdido e inevitable desfallecimiento de los hombres que lo hicieron majestuoso. La épica del ciclismo no sólo es Bahamontes degustando su helado, entre despistado y acaso algo provocador, en el Col de Romeyre, sino Bahamontes sufriendo en el Aubisque, en su Aubisque, y perdiendo el sentido de las cosas mientras subía al Portet d'Aspet, en la etapa del Tour que finalizaba en Saint-Gaudens y en la que el Águila de Toledo abandonaba el ciclismo(...)

Son inolvidables, por lo inesperado y espectacular, los desfallcimientos de Hinault en Superbagnères, en el Izoard y en el Puy de Dôme, como lo son sus hazañas en el mismo Puy de Dôme, en el Stelvio, en las Menuires, en Pla d'Adet o en Avoriaz. Hinault, a quien toda España vio pasarlo mal como  nunca antes lo había pasado en una subida a los Lagos de Covadonga, también acabó hundiéndose en el Alpe d'Huez.  Son muchas las gestas de Meckx rayanas en lo increíble, pero hay gente que todavía tiene grabada en la retina esa imagen desoladora del belga reptando miserablemente por las cuestas de Morzine, de La Plagne, de Orcières-Merlette, y sobre todo de Pra-Loup."

Ahora pienso que tal vez sea eso lo que siempre le faltó a Armstrong para ser más querido, ese aspecto humano de perder una minutada en algún puerto famoso (me refiero a la época en la que competía por ganar, no a su retorno por motivos publicitarios). Porque son esas caídas en la subida al Monte Parnaso, las que acercan a los dioses a nosotros los mortales, y eso pocos deportes pueden ofrecerlo como el ciclismo.

jueves, 19 de julio de 2012

sábado, 14 de julio de 2012

Dice Hinault.

"Se debería poder tocar el piano mientras se va en bicicleta, incluso escalando un puerto."

En lo literal, supongo que el inconmensurable Bernard Hinault se refiere a la conveniencia de mantener destensados los dedos para facilitar la distención de todo el torso y, fundamentalmente, del sistema respiratorio (sobre todo cuando se escala un puerto).

Pero lo bonito es la parte metafórica, esa se las dejo a ustedes.

http://www.rtve.es/resources/jpg/0/3/1276018649330.jpg

miércoles, 13 de junio de 2012

Messi y sus precursores.

  "A éste, al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz, o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas." 

J.L.Borges.

En el futuro, créeme,
tendrás que explicar a tus nietos quién era Messi.
Habrá libros, películas, videos
y la reconstrucción 3D de sus jugadas, pero tú
tendrás que decirles quién era.
Te lo preguntarán.

Podrás entonces mentar sus récords,
repasar cada uno de sus goles al Madrid,
que por aquellos días, les dirás,
era El Mal.
Podrás hablar de los grandes
nombres propios de la victoria y la derrota,
Darío, Alejandro, Aníbal
el de los elefantes muertos
y demás...

O podrás simplemente decir
que hay personas con suerte
(los que asistieron, en Atenas,
al gimnasio cercano al templo
de Apolo Licio, los que fueron
al teatro The Globe en el siglo XVII,
los que veían por Florencia
pasear a Brunelleschi,
eran vecinos de la Montmartre del Gato Negro
o de la Harlem del Minton’s...)
y que tú
tuviste la fortuna de vivir
en Barcelona a principios del siglo XXI.

domingo, 6 de mayo de 2012

Será imposible borrar el nombre de Pantani de las rutas

Distinguido poeta que frecuentas las alturas
y vuelves al llano pensando reflejar
lo que pasa en ellas,
no olvides mencionar en tus libros a Marco Pantani,
hombre que llegó tan cerca de volar como ninguno,
loado sea.

Todos aquellos que viven al nivel del mar
y tienen los pulmones húmedos
pueden verlo cuando quieran en youtube
con sólo teclear su laureado nombre.
Pero ese nombre, poeta, tú lo has visto,
hace años está escrito con tinta indeleble
en las rutas asfixiantes que suben Galibier,
Mortirolo, Ventoux, Hautacam, el Alpe d’Huez...

Sobre todo,
no dejes que a tus versos se les escape
su última victoria en Courchevel
como ese día él se escapó de Armstrong y tantos otros.
Robo el comienzo de este poema a Cavafis
porque amaba de igual modo a los hombres y a los dioses.

lunes, 23 de abril de 2012

La música que ponen en los compendios deportivos


Esas guitarras eléctricas
con distorsión de mentira y bases
de caja rítmica, al estilo Satriani,
no dejarán nunca de sonar en los compendios
de los goles de la etapa. Es lunes
de madrugada y antes de dormir
mirás la repetición insana de las imágenes
(pelotas en los palos, faltas graves
abrazos, banderas, errores
de los enviados de un dios necio
que prefiere para vestirse el negro y toda
la parafernalia de malicia
de los comentaristas, y esto
en varios países)
como un director obseso
volviendo de un retiro aconsejado por los médicos
y en el clímax escénico de su recuperación
espera antes de que amanezca
las críticas de su primera obra;
más que el estreno
la confirmación de su agonía
la muerte y la vida casi en directo y eso sí,
con el sinfín de riffs eléctricos que sólo buscan
mantenerte despierto y enchufado.