domingo, 1 de abril de 2012

Palco.


El espectáculo central de nuestro tiempo es el deporte. Los protagonistas ocupan escenarios diversos (campos de fútbol, rutas de Francia, pantallas de ordenador o ríos de tinta) pero la agonía se traslada, literalmente, al espectador. En un mundo tan 2.0, sólo una actividad capaz de cerrar ese círculo, pasando de las tablas a la tribuna, está destinada a tener verdadero éxito. “Barrilete cósmico” que, como en el movimiento de los músculos (AGONISTA y ANTAGONISTA), pivotea sobre nuestro eterno sistema binario: amor y muerte, ganar-perder, pero de juguete. En esta vida liviana, la muerte no puede encarnar: para tranquilidad de todos, la derrota (de la cual somos, cómo no, parte), no implica más que perder el juego y sólo así, en un mundo sin muerte (los antitaurinos lograrán algún día erradicar sus últimos vestigios) podemos gozar todos juntos de nuestros 90 minutos de fama.
 

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