creó un tipo talentoso a las órdenes
de la hija teatral de Enrique VIII
ponía las plateas a reventar, afuera
relinchaban los caballos sin dejar dormir a nadie.
Nosotros fuimos
como de costumbre
ataviados con nuestras mejores galas, Shakespeare
en caracteres áureos
saludó la presencia de figuras medievales desde el palco.
Proyecciones caras en escenarios construidos con esmero
y aquella muerte simultánea con el otro grande de las letras
que imaginó el gordo Víctor Hugo desde su nube pétrea
y con acanto.
Desde entonces hasta aquí
le película fue amable con algunos actores
buenos y malos:
mujeres generosas
bolsillos forrados
reputación
páginas y páginas de los libros de la historia
profusión de admiradores serviles de los que entienden por lo menos cuatro idiomas
dibujos, canciones
fotografías
y hasta algún que otro agujero recubierto en mármol
donde descansan los héroes de la PATRIA.
Ahora, señores, el escenario
ha cambiando de manos
y de pies
vayan preparando los laureles para los nuevos genios. ¡Ah
y será brillante
presuntuoso y cándido
el Parnaso Sport!
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